Santiago Peña, presidente de la República, renunció a su cargo en plena tormenta financiera y a pocas horas de que el Congreso discutiera un pedido de juicio político en su contra. La región entera mira hacia Asunción con la respiración contenida.
¿Qué pasó exactamente?
La caída del presidente se gestó en pocos días. El Banco Central intervino Ueno Bank por problemas de solvencia, y miles de clientes quedaron de golpe sin acceso a sus ahorros. Las protestas no tardaron en llegar y la indignación se desbordó en las calles.
La presión creció por los vínculos empresariales que el mandatario mantuvo con el grupo dueño de la entidad y por la presencia de fondos públicos en el banco. Días antes, Peña había exigido la salida del titular del Banco Central, pero ya era tarde: la oposición pedía su cabeza y hasta voces de su propio partido reclamaban que dejara el poder.
Su mensaje de despedida
En un mensaje a la ciudadanía, Peña aseguró que ningún cargo puede estar por encima del bienestar del país, pidió disculpas si defraudó la confianza de los paraguayos y reclamó que se garantice la devolución del dinero de los ahorristas afectados. Las acusaciones en su contra deberán ser evaluadas por las instancias correspondientes y todavía no constituyen una determinación de responsabilidad.
¿Quién gobierna ahora?
Según el orden constitucional, le corresponde al vicepresidente Pedro Alliana tomar el control del Poder Ejecutivo para completar el mandato hasta agosto de 2028. El país entra así en una etapa de máxima incertidumbre, con un gobierno que hereda una crisis bancaria abierta y un clima social al rojo vivo.
¿Cómo podría afectar a los demás países?
Paraguay no es un país cualquiera dentro del tablero sudamericano, y por eso la preocupación se extiende más allá de sus fronteras:
Mercosur en alerta: Paraguay es socio fundador del bloque. Un gobierno débil o en transición puede frenar acuerdos comerciales y decisiones clave en un momento delicado.
Brasil y Argentina, con los ojos en la energía: ambos comparten con Paraguay las gigantescas hidroeléctricas de Itaipú y Yacyretá. Cualquier turbulencia política en Asunción preocupa a sus socios.
Miedo al contagio financiero: cuando un banco colapsa y los ahorristas pierden el acceso a su dinero, los mercados vecinos observan con lupa a sus propios sistemas bancarios. Se teme un efecto de desconfianza regional.
Exportaciones bajo presión: Paraguay es un gigante en soja y carne. La inestabilidad política puede alterar la logística, la inversión y la confianza de los compradores.
Aliados internacionales atentos: el país es la única nación sudamericana con relaciones diplomáticas con Taiwán. Un giro político podría reabrir debates en la diplomacia regional.
Lo que viene
Las próximas horas serán decisivas. La clave está en si el nuevo gobierno logra calmar a los ahorristas, activar el Fondo de Garantía de Depósitos y recuperar la confianza antes de que la crisis se profundice. Si falla, el golpe podría sentirse muy lejos de Asunción.
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